viernes, 10 de julio de 2026

Un gestito de idea

 Hay que desconfiar de las propias ideas.

Porque cuando, muy de vez en cuando, se te ocurre una buena, enseguida aparece otra.

Y como también salió de tu cabeza, te da pena dejarla afuera.

Entonces las juntás.

Y ahí empezás a negociar con la primera.

Le agregás una cosita.

Después otra.

Y al final no sabés muy bien cuál era la buena.

Pensé que era un tema de probabilidades.

Si ya apareció una buena idea, ¿qué chances hay de que la siguiente también sea buenísima?

Pero después me acordé de algo.

Hashem no tiene límites.

Entonces... ¿por qué le voy a poner límites a las ideas que Él me manda?

Y ahí se me complicó la teoría.

Porque quizás no existen las buenas ideas y las malas ideas.

Quizás existen ideas.

Nada más.

Después somos nosotros los que les ponemos un cartel.

"Esta fue brillante."

"Esta fue un desastre."

Pero el cartel siempre lo ponemos al final.

Nunca al principio.

Porque hay ideas que, cuando aparecen, parecen una locura... y terminan cambiándote la vida.

Y hay otras que parecen geniales... hasta que las hacés.

Entonces me quedó otra duda.

¿Y si hay ideas que no vienen para que las hagamos?

¿Y si vienen solamente para ver si somos capaces de decirles que no?

No sé.

Lo único que sé es que ya no estoy tan segura de que haya que desconfiar de las propias ideas.

Tal vez haya que desconfiar de las ganas que tenemos de usarlas todas.

Como si Hashem las hubiera mandado con la obligación de hacer algo con ellas.

Y quizás no.

Quizás algunas vienen solamente para pasar a saludarnos.


No hay comentarios:

Publicar un comentario

Me gusta charlar con ustedes por acá. Gracias por comentar.