
Por fin, decidió intervenir con astucia. Esta vez se acercó al grupo más numeroso de niños y les contó, que acababa de recibir una grata noticia: en el mercado que está en la otra punta de la ciudad, una empresa productora distribuye gratuitamente lindas frutas frescas.
Apenas escucharon la noticia, los niños suspendieron el juego y corrieron hacia el mercado. Durante el camino, se encontraron con otros grupos de niños y cuando éstos preguntaron, ¿hacia dónde corrían?, les contaron la noticia, la que el escritor les había dicho. Por supuesto, también los nuevos grupos empezaron a correr hacia el mercado, esperando recibir frutas.
Los adultos, al ver que los niños corrían, también se apresuraron para no perder la distribución gratuita de frutas frescas.
Así cuando el escritor vio que toda la ciudad corría hacia el mercado, él mismo empezó a correr, pensando que si todos corrían, era de verdad que estaban regalando frutas...
Gracioso pero muy real, allí donde van los demás vamos nosotros como ovejitas.. ese escritor que sabía "la verdad" tendría que haber seguido escrribiendo... pero ¿por qué nos fiamos más de los otros que de nosotros mismos? porque el ser humano se deja llevar más por las emociones que por la razón. Señoras: ¡Hay que utilizar más nuestro lado cognitivo! Shalom
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