miércoles, 16 de julio de 2008

Ojos que no ven

El otro día un cliente me pidió que le explicase por qué había elegido para su libro esa tipografía y no otra. Le dije que para libros uso garamond o palatino, que las voy alternado, y que esa es la que había tocado por turno. Seguramente estaba esperando algo más recóndito, y les aseguro que si la Torá no me prohibiese mentir, hubiese tenido por lo menos tres explicaciones sofisticadas. Ese entrenamiento lo recibí en la escuela de diseño, en donde nos hacían explicar nuestros trabajos: por ejemplo, si teníamos que diseñar un logo para un hipódromo, cuando presentábamos nuestra propuesta debíamos revelar por qué misterio del universo habíamos elegido la imagen de un conejo. Lo que en realidad hacíamos era hacer el diseño que se nos antojaba y luego inventar una conexión con el tema. En el mundo de hoy nadie se espanta por eso, es habitual que a algún artista plástico se le ocurra realizar una instalación disparatada en el medio de la ciudad, consiga como sponsor a una casa de pintura dispuesta a deshacerse de sus desechos tóxicos, sume dos mas dos (aparte de artista, matemático), decida pintar el río de azul, y sólo después empiece a buscar una causa con la que justificar semejante despropósito. Si se decide por la opción ecológica, cambia el color azul por verde, si opta por la opción bíblica, lo cambia por rojo, pero la pura verdad es que el río termina teñido sólo por las intenciones escandalosas de un admirador de Andy Warhol.

Estamos acostumbrados a que las cosas carezcan de sentido, y así lo acepta nuestra mente moderna. Pero sería un anacronismo pensar que algo así pudiese haber sucedido hace cinco mil años, y también digo dos mil, y también digo quinientos. Así que les pido que antes de seguir leyendo, saquen de sus corazones esa idea. El sentido de las cosas viene a priori y no a posteriori ¿estamos de acuerdori?

Se acerca el período denominado bein hametzarim, que se podría traducir como “entre límites” o “entre estrechos”, en el que el pueblo judío acostumbra a disminuir la alegría y a aplicar leyes de duelo. Este período empieza con el ayuno del 17 de Tamuz y va incrementando sus aflicciones hasta el ayuno del 9 de Av.

El día de Tishá be Av, se lee el libro de las Lamentaciones (Ejá), en este libro queda registrado que los sufrimientos del 9 de Av son una retribución directa por el pecado de los espías (meraglim), cuyo mal informe acerca de lo que vieron de la Tierra de Israel produjo una noche de llanto. Ese llanto (en vano) le fue restituido al pueblo de Israel, medida por medida, por lo que deberemos repetirlo a través de las generaciones. Los capítulos de este libro siguen el orden del alfabeto hebreo, pero en cuatro capítulos encontramos que la letra “ain” cambia de lugar con la letra “pe”. Y es aquí en donde empiezo a exprimirme la memoria para intentar reproducir una pizca de lo que mi marido escuchó el año pasado en un shiur del Rab Moshe Shapira.

Es imposible pensar que el profeta Jeremías (a quien se le atribuye el libro de las Lamentaciones) haya decidido intercambiar el orden de estas dos letras si esto no viniese a enseñarnos algo. Y esto es lo que nuestros Sabios explican: En hebreo “ojo” se dice “ain”, y “boca” se dice “pe”.Los meraglim invirtieron el orden correcto de percepción, antepusieron sus bocas a sus ojos. En otras palabras, vieron lo que quisieron. Distorsionaron la realidad.

Los ojos del hombre están para percibir el mundo. El ojo tiene que venir antes que la boca.
El hombre moderno asume como algo natural el saber de antemano el resultado. Pero están equivocados, invierten el orden de percepción. (hasta aquí lo que recuerdo del shiur)

Lo que concluyo es que el ojo y la boca deben estar sincronizados para llegar a la respuesta correcta en el momento justo (no siempre quince minutos después), para captar las indirectas antes de meter la pata, para encontrar la llave antes de llamar al cerrajero. Es sabido que uno tiene que pensar y después actuar, y que para tomar una decisión uno debe evaluar las circunstancias. Debemos ser conscientes de la gravedad de invertir el orden, de funcionar como un reloj atrasado e intentar entender las cosas en retrospectiva.

Ya en un post me había planteado esto, en otro propuse algo diferente, y finalmente, hoy, la Torá me mostró la respuesta. Si hubiese antepuesto mis ojos a mi boca hubiese evitado tanto desconcierto.

3 comentarios:

Melisa dijo...

Hola chicas
¿van a explicar qué se hace en las tres semanas?

Anónimo dijo...

kol hakavot!! Good post

Anónimo dijo...

Shalom. Mi nombre es Miriam Castillo y en esta ocasión escribo para felicitarles por su segundo aniversario de su página web y a la vez agradecerles todo el conocimiento, los recuerdos y el regreso que por medio de sus artículos he logrado con respecto a mis raíces judías. No cabe duda que a la distancia aún podemos continuar el retorno a la bendita Torah y a los principios que El Santo Bendito es nos diera y a tratar de seguir viviendo atravez de ellos. Deseo de todo corazón, que la labor que realizan les sea para berajá y hatzlajá y continúen enriqueciendo y fortaleciendo nuestra identidad yehudí de la manera en que lo hacen por muchos, muchos años más. Sinceramente: Mazel tov, siman tov!!!