miércoles, 6 de mayo de 2009

En busca de la infelicidad

El otro día hablábamos con mis amigas acerca de que algo en el mecanismo debe estar fallando. No nos referíamos ni al lavarropas ni al refrigerador, sino a una maquinaria mucho más sutil y delicada: nuestra propia vida. Desde que nos sentamos frente a un plato repleto de brownies no dejamos de preguntamos cuál era el error que cometíamos, porque aunque nuestra vida es como una epopeya no podemos dejar de sentirnos en un drama.

Una indicó que la culpa era del esfuerzo. Porque (por lo menos en Israel) no tenemos ayuda doméstica, así que mientras regamos las plantas, criamos a nuestros hijos, recibimos invitados en shabat y también nos ofrecemos a cocinar para nuestra vecina parturienta cuando volvemos del trabajo.

Dos directamente enumeró los básicos de revista femenina y denunció que la mala alimentación, el poco tiempo de descanso y la falta de ejercicio físico son la causa del descontento que nos invade. Que una mujer que come la sobras del plato de sus hijos, duerme a intervalos de tres horas y el único ejercicio que realiza es al bajar la basura, no le está dando a la máquina el combustible que necesita.

En ese momento Tres protestó (a ella nadie la llama máquina) y proclamó que la variedad es la sal de la vida. Dijo que el problema es la rutina y la negatividad, y que la solución es dejar de levantarse cada mañana pensando que ese día será igual al anterior. Que así sólo se termina marchita murmurando por la casa “pobrecita de mí”.

Cuatro se aclaró la garganta y sin ninguna vergüenza le echó la culpa a nuestra  educación. ¿Qué otra cosa  se puede esperar de una generación educada con delirios de grandeza?, nos preguntó. Si casi todas fuimos educadas con aires de princesas a las que el mundo les rinde honores mientras saludan sin dejar caer la corona. Si fuimos educadas para rechazar todo lo que hoy tenemos. Y agregó mientras volvía a llenar su taza, que por más que nos esforcemos por borrarlos, los mandatos recibidos en algún lugar resuenan: “no serás ama de casa, nunca ama de casa, ama de casa, jamás”. Que no nos queda otra que resingarnos a esa dualidad. Que somos bovaristas (aquí Tres se indignó, pero luego le explicamos el sentido de esa palabra). Que sufrimos porque sentimos que no tenemos la vida que merecemos.

Y por último Cinco dijo que quizá sea sólo una cuestión de timing, que habría que ajustar el mecanismo del reloj, porque el problema es que en tiempo real nos vemos esquivando los baches con el cochecito del bebé cargando las bolsas del mercado, pero si reproduciríamos en cámara lenta nos veríamos caminando por el campo con nuestras familias mientras una suave brisa nos trasporta el aroma de los jazmines.

La cuestión es que hasta el momento de repartirnos el último brownie no habíamos llegado a ninguna conclusión y tampoco es que pretendiésemos encontrar el origen de la infelicidad en una charla con amigas, pero sea como sea, al final todas coincidimos en que hoy era el día propicio para proponernos el cambio y rezar por ello.   

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Me identifico con DOS, aunque la basura la baja mi marido...
Me identifico con TRES pues también me hubiera indignado con la palabreja!
CUATRO?? solo me hace trae a la cabeza las palabras de mamá: ejecutivas, tenéis que ser mujeres ejecutivas!! (creo que desde arriba sonríe sabiendo que soy toda una ejecutiva de mi casa!!)
A CINCO le diría que la cuestión es Jerusalem. Al ser el vértice del mundo el día no dura 24 horas sino 18...por eso nos sentimos lost.
Y con respecto a UNO...pues creo que soy ella!!

Te pasaste querida Judith!! jeje

RITA LAMPA dijo...

cómo que brownies!!!??? y no me invitaron??
en fin, yo debo ser QUINCE pues comparto absolutamente todo lo que cada una piensa. aunque si lo pasamos a gematria ktana quedaria solo en SEIS, lo que de algun modo me obliga a decir otro comentario: quien se comio el ultimo brownie?

Judi dijo...

Anónima: Claro que sos UNO. Gracias por el comentario, porque le agrega sentido al post.
Y todos los guiños complices te los contesto cuando nos vemamos.
¿Judith? JUA.

RITA!!!
tu pregunta es muy delicada y la respuesta bien merecería un post, porque: ¿qué hacemos las mujeres ante un último brownie?¿lo dividimos en partes iguales? ¿le vamos cortando puntitas dejando siempre un resto? ¿lo dejamos en el plato para cumplir el estigma? ¿nos agarramos de los pelos?. La próxima venís y lo resolvés vos.