miércoles, 3 de diciembre de 2008

La vida no es un picnic

No sé si alguna vez les habrá pasado a ustedes, pero yo, por estos días me ando preguntando qué es lo que Dios quiere de mí. No puedo con esto, me digo ¿Él no lo sabe acaso? Me queda grande, me supera. Que se entere: esto no lo quiero. Como una nena caprichosa y testaruda me quedo llorando en el camino sin avanzar un paso más. Quiero un dulce y una muñeca nueva, pero este problema no, que se vaya al cementerio de los problemas evitados.

La cuestión es que todos sabemos que no existe tal cementerio, más bien todo lo contrario. Los problemas evitados van a un centro de rejuvenecimiento de donde vuelven renovados, majestuosos y fortalecidos.

¿Entonces? ¿Qué hacemos? Paradojas de paradojas, para sacárnos los problemas de encima tenemos que soportarlos y hacernos cargo. Nadie nos va a venir a preguntar si estamos dispuestos, aparece y es imposible esquivarlo. Nos preguntamos por qué a nosotros, por qué así, por qué ahora. Nos decimos que es lo último que queríamos que sucediese, que no es justo, que no podemos enfrentarlo.

Pero la verdad, es que sabemos que ese problema lleva nuestro nombre. Ya lo conocemos aunque renueve su vestuario, somos viejos compañeros que no se saludan al cruzarse. Repetimos, pasamos una y otra vez por el mismo lugar y no logramos superar la prueba. Terminamos creyendo que ese laberinto no tiene salida. Hacemos de un espiral, un círculo.

No vemos que las cosas, grandes o pequeñas, suceden por algo. Lo decimos, pero no lo entendemos: detrás de cada acontecimiento está la mano de Hashem guiándonos para que no nos desviemos del propósito para el que fuimos creados.

Y ahora nos preguntaremos cuál es ese propósito. En el ranking de respuestas los tres primeros puestos fueron: felices, bellos y exitosos, pero quedamos todos aplazados… la respuesta correcta la trae el Ramban en su comentario a la parashá bo “la intención de todas las mitzvot es que creamos en Hashem y le demos las gracias por ser nuestro creador. Este es el propósito de toda la creación”.

Eso es lo único que se nos pide, que le agradezcamos y lo reconozcamos como Creador. Es fácil cuando nos gusta lo que pasa, pero cuando se pone difícil, ahí protestamos. Cuando nos va bien es Hashem que nos quiere, pero cuando las pruebas son duras pensamos que se debe haber equivocado. Aceptamos lo bueno y rechazamos lo malo.  Elegimos lo que nos conviene, que esto si, que esto no, que esto mas o menos. ¿No podemos dejar de creernos más sabios? Hashem sabe lo que hace y nuestra obligación es aceptarlo y aprender a servirlo con alegría, pase lo que pase.

Ya conocen el dicho… la vida dura dos días, y uno está lloviendo. Así que el día de la tormenta, mejor pongámonos las botas, abramos el paraguas y alabémosLo bajo la lluvia. 

para mi amiga A, que lo inspiró (a mi también me pasa)

2 comentarios:

Sarah dijo...

""Hacemos de un espiral un circulo""
!!Que frase!!!! de antología........

Elisheba dijo...

Ahora resulta que es una terapia leer tus post anteriores......
y si hacemos un libro con las 365 ventanas al cielo????