lunes, 1 de diciembre de 2008

A todos nos toca

El otro día me encerré en el baño y lloré mirando mi reflejo en el espejo. Seguía con el nudo atorado en la garganta.

Ese día me había levantado tarde y les había gritado a mis hijos para que se vistiesen a tiempo y no perdiesen el micro al colegio.

Desde la madrugada no había podido pegar un ojo, me la había pasado dando vueltas en la cama alternando entre pesadillas y ensueños violentos.

La noche anterior, con unas amigas, habíamos querido ir a una clase, pero terminamos intercambiando nuestro desasosiego frente a un café doble.

En la havdalá me había quemado con la vela. Mi esposo no había sonreído luego de la bendición del vino.

En la última seudá de shabat no escuché lo que mi hijo contaba mientras estudiaba con su padre.

Esa tarde había estado ausente, perdida, malhumorada.

El almuerzo no había tenido sabor. Jugué con el tenedor y sostuve mi cara apoyando el codo en la mesa.

Esa mañana había intentado sonreír mientras mi hijo jugaba a disfrazarse. Me dolía la mano lastimada.

La noche anterior había dormido un sueño pesado y profundo que no me sirvió de descanso.

En la cena había estado callada y sombría. Cuando retiré la mesa, rompí dos copas y me corté la mano.

Esa tarde había tenido frío, hambre y sueño.

El viernes se me empezó a formar el nudo en la garganta al enterarme de lo que estaba pasando en Bombay. 


No tengo nada para decir, excepto que podemos hacer algo

2 comentarios:

Anónimo dijo...

cuando lo lei esta mañana lo primero que me surgió fue: te abrazaría (lo escribí, lo borré, me dio verguenza).
después me quedé pensando qué inmediato me nació el abrazo cuando se trata de otro y cuánto falta cuando se trata de mi propio listado.
un abrazo fuerte.
andi

Judi dijo...

Ahora yo también me quedé pensando en eso... es difícil abrazarse a uno mismo literalmente(o queda como de camisa de fuerza). ¿Cómo sería abrazarse metafóricamente? Seguiré pensando...
Mientras tanto te mando un abrazo cibernético