martes, 14 de julio de 2009

Ahavat Israel - Semana 4: Libres de música

No recuerdo quién dijo que las dos opciones más interesantes de vida eran o atravesar fronteras y volverse ciudadano del mundo; o nacer en una aldea y morir en ella.

Siempre me sentí conectada con esas ideas, porque nací en una especie de aldea y como ya saben, soy fanática del condicional perfecto, así que muchas veces me pregunto cómo hubiese sido allá y no aquí, que hubiese pasado si esto y no aquello o cómo sería si así y no asá.

Por suerte internet tiene todas las respuestas, y ayer la recibí en forma de mail firmado por mi amiga de la infancia. Aquella amiga a la que conocí en el ascensor desde la panza de mi madre, con quien fui desde el jardín de infantes hasta séptimo grado. La misma a quien llamaba gritando por la ventana todas las tardes para que hagamos la tarea juntas, la que sigue viviendo en el mismo barrio en el que nos criamos y a quien no vi en más de veinte años.

Esta señora, en unas cuantas líneas, me demostró que a veces las cosas no cuestan. Que se puede ser cariñosa sin miedo a las consecuencias, que se puede demostrar afecto sin vergüenza y que no es tan difícil conciliar las diferencias.

¿Por qué, luego de tanto análisis de revista femenina, de tantos libros automotrices (autoconocimiento, autocontrol, autoestima), después de tanto esfuerzo empelado en el perfeccionamiento personal, yo no puedo llegar a decir, como ella lo hizo, de una manera simple, que los afectos no se olvidan y que la amistad que tuvimos fue importante?

¿Por qué el trabajo de Ahavat Israel es tan difícil cuando tendría que ser espontáneo? ¿Por qué tenemos que proponernos ser cariñosos, amables y agradecidos? Todo eso tendría que ser lo que sale ¿por qué no podemos dejar de ser tan complejos y conservar un poco simpleza?

Y la respuesta a estas preguntas es una paradoja, porque sigue siendo un análisis intrincado. Pero a los que nos metimos en ese laberinto, ahora sólo nos queda la opción de recorrer sus pasillos (que tercamente se bifurcan en otros) buscando la salida.

Y para ayudarnos a escapar del minotauro, voy a presentar a una versión libre de lo que Miriam Adaham plantea en su libro “Calm Down” con respecto a los pensamientos: Ella propone que imaginemos nuestra mente como la pantalla de una computadora en donde sólo hay tres carpetas en donde se pueden almacenar los pensamientos. Y los nombres de estas tres carpetas son: Ser productiva, ser alegre y ser afectuosa. Así que cualquier pensamiento tiene que entrar en alguna de esas clasificaciones y si no lo hace, hay que arrastrar ese pensamiento directo al cesto de la basura.

A mi me parece una técnica excelente para dejar de escuchar esa musiquita interna que nos detiene, nos desgasta y nos deprime. ¿Y qué mejor dejar de ser un disco rallado en estas tres semanas en la que no escuchamos música?

Así que allí vamos: Esta semana el trabajo de Ahavat Israel será una vez por día, alentar y reconfortar con palabras al prójimo, destacando algo positivo y simple acerca de esa persona y expresárselo con palabras. (Lift someone’s spirit up with words: Once a day for a week stretch by noticing something positive and simple about a person you normally wouldn’t say this to and expressing it to them, -compliment, validate-)

Y tal como señaló nuestra amiga Patricia, no olvidemos pedirle ayuda a Hashem para tener éxito en el trabajo de Ahavat Israel, que especialmente en estos días, puede acercar la redención final.

(para contar cómo les fue la semana anterior dando las gracias, pasen por los comentarios).