lunes, 13 de septiembre de 2010

Con el corazón en la boca (o ¿por qué publicamos nuevamente este post? -para hacer bajar el del ayuno que ya terminó hace rato)

A los ocho años me peleé con mi vecina porque no quise darle lugar en mi escritorio para su cuaderno de matemática, la terminé echando de mi casa y gritándole “corta mano corta fierro” mientras se subía al ascensor. A los quince me peleé con mi mejor amiga por lo mismo que se pelean todas las chicas a esa edad y después de una charla infantil en un banco de plaza, la vi alejándose para siempre por la esquina de Corrientes y Pringles. Hasta los dieciocho me peleé con mi hermana por el lugar en la mesa, por el secador de pelo, por cerrar o por abrir la puerta y por cualquier otra cosa que siempre representaba lo mismo. También me peleé con una amiga porque se hizo religiosa y con otra porque no se hizo, con un jefe porque guardé una carpeta en el cajón equivocado y con una desconocida que me vino a decir que mis hijos hacían ruido.

Yo no sé si son reales muchos de estos recuerdos, porque a veces uno sólo se acuerda la historia que se cuenta a través del tiempo, pero sea como sea, lo que sí sé es que a ninguna de estas personas les pedí perdón. Y de eso estoy bien segura, porque pedir perdón es un acto heroico, y un acto heroico nunca se olvida.

No les voy a decir lo que ya saben, no les quiero repetir que respecto a las trasgresiones bein adam leJaveró (cometidas contra personas) no hay teshuvá que valga. Que uno puede afligirse en su corazón todo lo que quiera, pero si no le pide perdón a la persona perjudicada, ese arrepentimiento no sirve para que se borre la trasgresión de nuestra cuenta.

Lo que quiero preguntar es por qué, a pesar de saberlo, elegimos (por única vez) quedarnos callados. Uno preferiría que le dijesen que se aplique veinte azotes, haga dos días de ayuno o recite diez viduy, a que nos pidan enfrentarnos a nuestro prójimo para pedirle perdón.

Ya vendrá alguien a decirme que esto no es verdad y que durante estos diez días de teshuvá lo más normal es escuchar a la gente diciendo: “perdón por cualquier cosa que te haya podido hacer” “perdón por si te ofendí en algo”. Pero yo no me estoy refiriendo a esos casos sin sustancia. Me estoy refiriendo a ese caso específico en el que ahora están pensando.

Y ese es el perdón difícil de decir, ese es el perdón que se queda atorado en la garganta y que no quiere salir. Lo que tenemos que saber es que no hay otra forma de hacerlo: hay que golpear una puerta, poner el corazón en la boca y decirlo.

8 comentarios:

Anónimo dijo...

100% de acuerdo. ademas de ser dificil, es espantoso! es como q a una le acuchillan el ego y lo peor es que vos misma te auto-aplicas la sentencia adelante del otro. pero la mejor parte es que cuando paso el momento, te das cuenta que no es tan malo ser humilde...

Dafna dijo...

Judi, eso si despues de leer lo que acabas de escribir te queda el corazno palpitando...a mi todavia no me responde, porque sigue en la boca.

Judi dijo...

Anónim@: no solo no es malo ser humilde... es muy bueno (y también dificil, para seguir sumando dificultades)

Dafna: ¿qué hacemos? ¿llamamos a un cardiólogo?

andi dijo...

Ay amiga!! tanto tiempo con algo adentro que no tenía palabras.. y de repente las decís todas juntas, así de sopetón como diría una abuela. Veezrat H' que podamos dar ese salto (y quedar como en la foto de abajo!)
Te adjunto unos comentarios de amigas y hermana:
* muy bueno! gracias!
* Muy real! Muy verdadero!
Que logremos hacerlo!
* MUY BUENO!!!!!!!!!!!!!!!!!!!
* Muy bueno. Judi está superafilada. Leandro

Anónimo dijo...

me tocó...!!!

Anónimo dijo...

me tocó...!!!

Goelet dijo...

yo discutí no hace tanto por un pupitre... y sentí ganas de estampar a la pesada empeñada en robarmelo.... snif...

Es bueno reconocerse a un@ mism@ en las palabras de otro.

Aunque sea un poco tarde, me hiciste recordar q es un buen momento para hacer Teshuba.

Judi dijo...

Andi: amiga mía ¡sos nuestra agente de prensa! No sólo te tomás el trabajo de difundir el blog sino que nos traés el feedback. Gracias ve emet... ¿cuánto te debemos?
PD:(me encantó el "superafilada", en la primer oportunidad que tenga lo uso: -"cuidado, que estoy superafilada")

Goelet: Que bueno saber que seguís visitándonos, hace mucho que no sabíamos de vos.
Con la palabra "pupitre" te delataste... ¡sos de mi generación!
¿y decís que es tarde? Yo creo que nunca es tarde para la teshuvá