martes, 17 de febrero de 2009

Lo que yo no sabía

Si hace unos meses me hubiesen preguntado cómo elegiría pasar un duelo, hubiese contestado que elegiría pasarlo con mi familia, atravesando el dolor en privado y que intentaría lentamente regresar a la rutina. Eso es lo que yo creía, que los momentos de tristeza había que vivirlos en la intimidad.

Pero el Creador conoce a sus criaturas mejor que ellas mismas y las halajot (leyes) para atravesar el duelo, para mi resultaron la prueba de que la Torá nos protege de todo (incluso de nosotros mismos).

La tristeza por la muerte de mi madre hubiese sido como un tren que me hubiese llevado estación tras estación hasta abandonarme en un lugar muy lejano del que hubiese sido muy difícil regresar, pero no llegué hasta allí, porque la Torá establece que los siete días posteriores (shibá) a la muerte de un pariente cercano hay que sentarse en un asiento bajo con las vestimentas desgarradas, no salir de la casa y recibir a las personas que se presentan a ofrecer consuelo (nijum aveilim). Estas leyes garantizaron que yo pase por lo que tenía que pasar sin hundirme en las profundidades del dolor, porque cada persona que atravesó la puerta de mi casa para ofrecerme consuelo fue como un tren que me iba trayendo de vuelta, que me iba rescatando.

Durante la shibá leí un capítulo del libro “Las puertas de la felicidad” en donde el rab Pliskin marca la diferencia entre duelo y tristeza explicando que el duelo está en el corazón de la personas pero no se apodera de su mente, mientras que la tristeza atrapa a todo el espíritu, destruyéndolo. Y especifica que la Torá obliga a observar el duelo cuando resulta apropiado, pero prohíbe la tristeza, obligándonos a servir a Hashem con alegría.

Al principio me pareció que yo no podría pasar el duelo de esa manera, pero después me di cuenta de que la posibilidad tenía que estar en mis genes, porque si mi madre, hasta en los últimos días de su vida, cuando para ella el mundo había dejado de existir porque solo sentía dolor, sonreía como sonreía, yo, sólo por ser su hija, aunque no lo sabía, podía.  

5 comentarios:

Anónimo dijo...

Judi, te leo y estoy realmente leyendo a mi amiga Judi, aquella que sabe encontrar y aferrarse a la luz incluso en los momentos de mayor obscuridad. Me siento privilegiada de ser tu amiga. Te mando un abarazo de aquellos...

Sarah

Anónimo dijo...

Judi, aunque no nos veamos muy seguido, te quiero mucho y te sietno cerca. Te mando un abrazo fuerte. Demas esta decirte que lo que escribis ES PERFECTO Y CAE EN LOS MOMENTOS PERFECTOS. Mucha fuerza amiga.
Daf

Judi dijo...

Hola Daf
Acerca de lo que decís en los dos primeros renglones, te contesto idem.
A lo que sigue, te contesto que ojalá y agrego un gracias por la fuerza, que la necesito.
Beso

Andi dijo...

Judi también quiero decirte que te quiero mucho, me generó mucha impotencia no poder acompañarte y por mail me quedé mas de una vez sentada mirando la pantalla diciendo "no hay palabras" sólo me gustaría estar allá. Qué Hashem te de consuelo y no sepas más de dolor. Un abrazo fuerte.
Andi

Margalit dijo...

BS"D

Shalom Judi...
Después de 6 meses leo tus palabras....... Estoy conciente de lo que estos Jaguim deben ser para vos... difícil sin tu mamá, en especial por ser los primeros.
Mi madre, aleha shalom, también me dejó sus 'instrucciones' para sobrevivir y re-vivir a ese dolor...
Baruj HaShem Judi que tuvimos madres que nos enseñaron a vivir y seguir adelante con todo y pese a todo... Qué TESORO tuvimos y tenemos y seguiremos teniendo en ellas!!! Toda Raba Aba!!!
Un abrazo enorme y que HaShem nos fortalezca y endulce cada momento de este 5770!!! Gmar Jatima Tova :)